miércoles, 18 de mayo de 2016
Ayer
Ayer pude ver de nuevo sus manos frente a las mías,
no estaban sobre mí, pero al menos las veía.
Las veía sujetas a una simple taza de café que no había hecho nada para merecer la envidia que le tuve en ese momento.
Ayer pude quedarme horas con la mirada fija en sus dientes separados
que no paraban de moverse por pronunciar cientos de historias que a ninguno de los dos parecía importarle en lo más mínimo.
Ayer pude dejar a un lado la costumbre de argumentar el porqué el color azul oscuro siempre será mi preferido con palabras que alguien más ha escrito.
Ayer pude descifrar el motivo de la próxima despedida a la persona
en la que llevo meses tratando de encontrarlo.
Y se reía, se reía sabiendo que con él, la palabra fidelidad era un simple sustantivo que no tenía cabida en mi vocabulario.
Mierda, ayer pude recordar que existes.
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