Y otra vez, como de costumbre, estoy frente a ese gran cristal por el que visualizábamos la ciudad. Otra vez, como de costumbre, estoy buscando creación en un caos infinito que yo misma causo,
¿ acaso lo recordás? vos solías emprender cientos de viajes conmigo, siempre a distintos ritmos... aunque nuestro favorito obstinado fue aquel álbum de 43 minutos, que bastaba para tus cadencias aceleradas y las mías, tan suaves que se confundían con el silencio.
¿Acaso lo recordás? Cuántos distintos universos fueron creados, sólo porque se nos venía en gana burlarnos osadamente de la realidad nuestra. La inocencia era tanta que, creíamos saber cuando habíamos regresado a este plano al contar las grietas de mi techo blanco... el número establecido era 14 ¿no?.
Extrañar, constantemente, me ha parecido algo enfermizo, por eso no te extraño, no a vos, extraño lo que yo era cuando estaba contigo, o al menos lo que inventábamos de mí. ¿Por qué no volvés? Pero no, no para quedarte, necesito que volvás y saqués de mi caos tus ideas, tu odio al mundo, tus pestañas largas, tus sonidos preferidos, tu respiración casi sin ganas de vivir, tu letra cursiva, tu lenguaje incomprensible y tu pésima escritura de infinitos. Necesito que volvás porque llevo meses intentando crearte ... hasta el punto de estar convirtiéndome en un reflejo tuyo y cuando lo logre, te habré perdido para siempre.
Me demande pas pourquoi je t’aime.
jueves, 29 de octubre de 2015
jueves, 8 de octubre de 2015
Eterno retorno
Y como siempre te encontrás de nuevo ahí, de frente con una hoja en blanco, una hoja en blanco que corta más que el reflejo de vos mismo.
De nuevo esa angustia de sentirse pequeño ante la inmensidad de la nada, de saber que tu propia esencia no alcanza para rellenar ese vacío infinito.
Ni tus amores, ni tus recuerdos, ni tus teorías, ni tus suspiros son suficientes para ser siquiera el boceto de unas letras que, algún día alguien leerá para pasar el rato.
De repente los años comienzan a pesar, años que aún no han sido vividos, años de una juventud que parece reclamar a gritos experiencias.
Tenés la esperanza de que con el tiempo, quizá, los abriles te vayan haciendo merecedor de por lo menos, intentar manchar con algo tuyo esa hoja en blanco.
Pero ese momento no es hoy y lo sabés.
Lo sabés tan bien que como siempre te encontrás de nuevo ahí, porque en el fondo, muy en el fondo, vos también necesitás, a ratos, ser otro.
De nuevo esa angustia de sentirse pequeño ante la inmensidad de la nada, de saber que tu propia esencia no alcanza para rellenar ese vacío infinito.
Ni tus amores, ni tus recuerdos, ni tus teorías, ni tus suspiros son suficientes para ser siquiera el boceto de unas letras que, algún día alguien leerá para pasar el rato.
De repente los años comienzan a pesar, años que aún no han sido vividos, años de una juventud que parece reclamar a gritos experiencias.
Tenés la esperanza de que con el tiempo, quizá, los abriles te vayan haciendo merecedor de por lo menos, intentar manchar con algo tuyo esa hoja en blanco.
Pero ese momento no es hoy y lo sabés.
Lo sabés tan bien que como siempre te encontrás de nuevo ahí, porque en el fondo, muy en el fondo, vos también necesitás, a ratos, ser otro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)