Y caminás con rumbo hacia esas cuatro paredes, que, el diccionario parece definir como hogar.
Como de costumbre, es domingo y tomás la ruta más corta para evitar el contacto con la parvedad de ilusiones que suelen contagiar las personas cuyas fuerzas quedaron atascadas en el quinto día de la semana.
Mirás hacia abajo y tus pies parecen haberse independizado del resto de tu cuerpo, ahora ellos están danzando sobre una baldosa gris de un parque de cualquier ciudad, mientras vos... vos no podés hacer otra cosa que mirar; mirar a las personas que se parezcan a vos; mirar las figuras del humo de tu cigarrillo; mirar las grietas del suelo que no querés pisar; mirar las sombras que vas dejando en el camino; mirar el reflejo de tu color preferido sobre los objetos; mirar las líneas del libro que se asemeje a tu vida; mirar la escena de una película que vos ya habías vivido... Y así, ser un eterno espectador, pero un espectador a medias, porque por más que querás nunca tendrás una mirada del mundo que venga de otros ojos que no sean los tuyos.
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