Soy culpable, mi amor.
Soy culpable de la tibieza con la que siento esta melancolía, una tibieza que escasamente sirve para escribirte mediocres intentos de palabras que no son más que un par de garabatos sin sentido que no recordarás... porque la memoria siempre busca espejos y aquí solo encontrará paredes.
Sin lugar a dudas, mi amor, soy culpable por no haber comprendido a tiempo que la historia del arte siempre ha sido y será en realidad la historia de los hombres tristes. Y esta melancolía incalculable jamás podrá disfrazarse de tristeza y mucho menos de poesía.
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